Rostros VcM – María Isabel Mujica

Boletín VcM

El primer encuentro de María Isabel Mujica con el Jardín Botánico UACh no fue profesional ni solemne. Fue una tarde de infancia junto a su prima buscando un alerce que nunca encontraron. Lo que no podían imaginar es que tiempo después ella iba a ser la responsable de que ese alerce, y los miles de organismos que lo rodean, siguieran en pie.

Bióloga, magíster en biología evolutiva y doctora en ecología de la Pontificia Universidad Católica de Chile, María Isabel llegó a la UACh el 2022 como docente. Un año después le ofrecieron la dirección del Jardín. Aceptó, aunque su especialidad era otra: «Mi área es ecología, interacción planta-hongo. Yo no tenía una carrera en conservación ni en taxonomía. Pero fue lo más desafiante que me ha tocado en mi carrera académica, y también lo más enriquecedor«.

Gestionar un espacio vivo

El Jardín Botánico recibió a su nueva directora en una situación difícil. Era el año 2023, habían pasado dos años de pandemia en donde la naturaleza siguió su curso. Los caminos estaban cubiertos, los avisos seguían marcando restricciones, las bancas y carteles deteriorados. Lo primero fue recuperar la infraestructura básica, el desafío ahora era impulsarlo bajo una crisis económica.

Pero ese desafío vino con oportunidades propias del lugar. El jardín botánico, es sin lugar a duda, uno de los espacios más apreciados de la universidad y ese valor tuvo frutos: “Estábamos en plena crisis económica entonces la recuperación fue más bien a través de voluntarios tanto externos como internos. Alumni UACh financió carteles. Nos hablaron estudiantes y académicos de la Facultad de Agronomía. Después vinieron voluntariados masivos. Incluso conseguimos donaciones de ferreterías como brochas y pintura”.

En este desafío de recuperar, surge otro que es rescatar. El equipo fue descubriendo lo que el tiempo había enterrado: una pileta oculta bajo enredaderas, colecciones de palmas tapadas por vegetación invasora, alerces amenazados por árboles que crecían encima de ellos. De esta manera, gestionar un espacio así es mucho más que preservar y cuidar plantas, es también considerar el componente humano dentro del espacio: “Se han perdido muchas cosas durante el tiempo, entonces ha sido como ir buscando pedazos de la historia en distintos lugares”.

Ordenar para valorar

La nueva dirección de María Isabel, significo también, ordenar la gestión. La Unión Internacional de Jardines Botánicos exige documentación, seguimiento y etiquetado de plantas, investigación científica activa, entre otros, para que un jardín botánico sea considerado como tal. Entonces el paso que sigue después de recuperar el espacio físico, es ordenarlo, saber qué especies hay, en qué estado están, cuales faltan, etc.

Ese fue el mensaje hacia adentro y hacia afuera. Y para respaldarlo, María Isabel construyó un equipo que hoy incluye guías estudiantes de biología y forestal, un curador de colecciones, una encargada de Vinculación con el Medio, un encargado de redes sociales, un jefe de operaciones y jardineros especializados. A partir de la primavera, se suman guardaparques y recepcionistas los fines de semana. También armó un comité de apoyo interno para que las decisiones tuvieran respaldo institucional: «Estábamos muy solos y necesitábamos que las decisiones fueran respaldadas por un grupo más amplio«.

Hoy el jardín recibe cerca de 60.000 visitantes al año, hasta 25.000 en un solo mes de verano: “es mucha exposición. Y eso es una ventaja, porque en el tema de buscar apoyo, que tu marca este asociada a un lugar que está lindo y que se visita tanto es un plus. Pero también una presión, ese nivel de exposición sirve, también, para que la universidad le tome el peso a lo que significa que sea el lugar más visitado de la región”.

Lo que produce un jardín que la ciudad reconoce como suyo

María Isabel tiene claro cuál es el valor que produce el jardín, más allá de las colecciones. Hay una parte del recorrido que el equipo llama «terapia de bosque», donde los visitantes pueden abrazar una secuoya gigante y mirar hacia el cielo. «El jardín es muy especial. La energía, las sensaciones, se sienten«.

Y este es el sello del jardín botánico UACh, un jardín universitario que permite que la investigación y la docencia pueda comunicarse fuera del aula y del laboratorio: “nuestro trabajo es que tu puedas recorrer el jardín botánico sin conocerlo y sientas que alguien te está acompañando y que está preocupado de que aprendas y que disfrutes de la experiencia”.

Esta fuerte dimensión pública, también posee la amenaza propia de su naturaleza. Esta gran exposición deja, valga la redundancia, expuesto al jardín a posibles daños y es acá donde el valor público se transforma en una defensa y María Isabel lo expresa muy bien:  “la idea es que nadie sienta que es suyo. Esto es de todos. La Universidad Austral lo pone a disposición de la comunidad para que aprendamos de plantas y podamos tener contacto con la naturaleza«.

 

 

Que la comunidad reconozca el Jardín Botánico como un espacio propio es también resultado de lo que ocurre detrás: conservación, investigación, gestión y una decisión institucional de poner esas capacidades a disposición de la comunidad universitaria y de la sociedad civil en general.

Convertir 12 hectáreas de responsabilidad institucional en un bien que la ciudad reconoce como propio, es quizás la definición más precisa de valor público que puede producir una universidad.

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