Boletín VcM

En cultura, solemos ver el resultado final: una película, una obra, una exposición. Sin embargo, la creatividad no se sostiene sola. Es un proceso que contempla planificación, articulación, voluntades y espacios —y que se traduce en una palabra que muchas veces espanta, pero que permite que las cosas lleguen a su lugar: la gestión.

Esta primera edición de Rostros VcM visibiliza a quienes, desde ese trabajo, hacen posible que la UACh y la sociedad se encuentren. Personas cuya labor sostiene lo que en vinculación con el medio se conoce como bidireccionalidad: una relación donde ambas partes se transforman. En este número, esa persona es Andrea Osorio, directora del Cine Club UACh.

Andrea Osorio nació en Puerto Varas y reconoce que el cine no ocupó un lugar central en su infancia. Durante su adolescencia era, más bien, una experiencia ocasional que requería desplazarse hasta Puerto Montt para tener contacto con la pantalla grande.

Migró a Valdivia para estudiar Periodismo en la Universidad Austral, no por proyección hacia el mundo cultural ni mucho menos hacia el cine, sino porque esa carrera le parecía una llave capaz de abrir puertas hacia diversas áreas. Su tesis de pregrado, de hecho, abordó la temática del desarrollo rural.

Fue en 1997 cuando una de esas puertas la condujo al mundo de la cultura: ingresó como encargada de programación del Festival Internacional de Cine y, diez años después, asumió la dirección del Cine Club, cargo que ocupa hasta hoy.

Esa continuidad ha tenido consecuencias concretas. Dirigir un espacio de manera sostenida permite consolidar estrategias y formas de trabajo que, con el tiempo, dan forma a una institución. El Cine Club que existe hoy, uno de los referentes culturales con mayor incidencia en el sur del país y en el escenario audiovisual nacional, es, en parte, resultado de esa trayectoria ininterrumpida.

De nicho a territorio: construcción del lineamiento programático del Cine Club

El Cine Club UACh no es solo el más antiguo de Chile ni únicamente un punto de acceso al cine en una región con escasez de salas. Es, ante todo, un espacio de descentralización cultural. Aunque no siempre lo fue.

Andrea Osorio recuerda que «las salas como la nuestra eran catalogadas con el concepto sala de cine-arte, cine de nicho, cine de elite. Cine para gente que entiende de cine. Y resumirnos a ese concepto implica que dejas a la mayoría del público fuera de tu alcance«.

Al asumir la dirección, una de sus primeras decisiones fue estructural: «empezar a funcionar de manera permanente. Es decir, con funciones de lunes a lunes, todo el año. Esto es principalmente porque la sala tenía su tradicional cartelera de fin de semana, pero no eran todos los días, por lo que decidimos abrir el perfil programático«.

Abrir ese perfil implicaba una apuesta deliberada por la diversidad: «si nosotros tenemos una programación diversa, podemos llegar a mucho más público. O sea, si exhibes una película de

corte más comercial, pero a la vez estás dando documentales del programa “Miradoc” (programa chileno que distribuye y difunde cine documental nacional), por ejemplo, significa que ese público que va a venir a ver la película más comercial o de gusto más masivo, se va a acercar a ese otro tipo de cine también. Porque se va a enterar de las otras películas que estamos exhibiendo, de nuestra cartelera y de la forma en que trabajamos».

La lógica detrás de esa decisión es tan sencilla como estratégica: «ya con el hecho de acercar a la gente a través de una película que sea de gusto más masivo, ya la atrajiste a tu espacio. Ya la vinculaste«.

En ese recorrido se revela uno de los elementos clave de la gestión cultural: la proyección. La dificultad de administrar un espacio de esta envergadura reside, precisamente, en pensar en resultados a corto, mediano y largo plazo. Los números lo confirman: «en el año 2006 el Cine Club bordeaba los 5.600 espectadores, en 2025 tuvimos más de 25.000 personas que asistieron a nuestras actividades. O sea, imagínate la diferencia».

Otro componente del lineamiento programático es la formación de público: «Es donde nos vinculamos con personas y unidades de la universidad para poder desarrollar actividades formativas y de mediación de cine para formar público, pero además para que, tanto en la formación académica de nuestros estudiantes de la universidad, así como de las comunidades educativas escolares, puedan usar el cine como herramienta de apoyo pedagógico».

Pero antes de que una película llegue a la sala, hay un proceso que la mayoría del público desconoce. Una vez definida la programación, comienza la búsqueda de títulos que se ajusten a esa planificación. Y eso implica moverse en varios frentes simultáneamente: «Hay distintas fuentes de donde uno puede obtener los contenidos. Están las distribuidoras cinematográficas. También nosotros pagamos una licencia que funciona a nivel internacional que te permite también acceder a ciertos contenidos. Se paga una licencia anual y puedes acceder a ese tipo de contenido. Generalmente las películas que exhibimos en las muestras formativas provienen de esa licencia. Contacto con los productores, con las distribuidoras, con los mismos directores son fundamentales».

Detrás de esa diversidad de fórmulas hay una variable que sostiene todo: la construcción de redes. Más que los recursos físicos, es la articulación con el entorno lo que, muchas veces, permite que las cosas sucedan. «Tienes que articularte con todo el medio audiovisual, porque nuestro funcionamiento y nuestra gestión no solo se trata de gestionar contenidos, hay muchos vínculos personales, de vincularte con el mundo público, tratar de incidir en la generación de políticas públicas«.

Ese posicionamiento no se improvisa ya que requiere tiempo y trabajo sostenido. «Nosotros tenemos un nivel de contacto ya histórico. Tienes que estar en contacto con todo el medio, no solamente con las grandes distribuidoras o las empresas que distribuyen mayor cantidad de material en términos de volumen y de calidad, sino que hay muchos realizadores y productores y distribuidores independientes que también buscan espacio en nuestras salas».

Esa red tiene expresión concreta: el Cine Club UACh integra la Red de Salas de Cine Independiente y mantiene convenios, por ejemplo, con la Cineteca Nacional y con la Corporación Chilena del Documental. La articulación también opera hacia adentro: «Tenemos convenios con la DAE y la Facultad de Derecho, a través de los cuales se entregan entradas gratuitas para que nuestros estudiantes asistan y con el Departamento de Calidad de Vida ofrecemos entradas a precio preferencial para funcionarias y funcionarios de la universidad».

El resultado es un tejido que beneficia a todas las partes: a la universidad, que cuenta con un espacio de reconocimiento nacional; a los estudiantes, que acceden a formación cinematográfica directa; a la producción audiovisual independiente, que encuentra una sala donde circular; y a la ciudadanía en general, que puede ver títulos de otro modo inaccesibles en la región.

Más allá de los títulos: el cine como espacio formativo

El componente formativo es parte constitutiva del lineamiento del Cine Club, y no podía ser de otra manera en una institución perteneciente a una universidad con vocación territorial. Junto a la cartelera habitual, funcionan ciclos temáticos diseñados en colaboración con académicos de la propia universidad: «Hay toda una gama de otras películas que exhibimos durante la semana, como los ciclos formativos. Para ello trabajamos principalmente con académicos de la universidad, donde son ellos los que eligen los títulos». Entre los ejemplos más activos: Cine y Robótica, Cine y Jazz, Cine y Literatura.

La ambición detrás de esa programación es explícita: «Nosotros queremos ampliar el número de espectadores, pero a la vez la intención es que la gente se acerque más al cine como arte, que tenga más herramientas para comprenderlo, que adopte el cine como un medio que te permite tener herramientas para desarrollar tu capacidad de análisis, tu capacidad de reflexión frente a ciertas cosas, tu capacidad de sentir cosas nuevas, de conocer otras realidades«.

Ese trabajo formativo no se restringe al público universitario. Andrea lo viene construyendo desde que asumió la dirección, y alcanza también a escolares y preescolares. «El trabajo que hemos realizado durante estos últimos 19 años con escolares ha servido mucho. Hay chicos que vienen y que nunca habían ido a una sala de cine, sobre todo los que provienen de colegios de sectores rurales o de localidades más lejanas».

La respuesta de ese público es, a veces, la más contundente: «Hay funciones que son tremendamente exitosas, sobre todo las que son para preescolares y primer ciclo básico. Generalmente esas funciones se repletan y queda gente fuera».

Y es esa dimensión la que le da su sentido más profundo al trabajo de Andrea: «Las experiencias que más me motivan, que más le dan sentido al trabajo que realizamos es cuando vienen niños a la sala y participan de las actividades interactivas. Pensar que van a ser público de nuestro cine, que digan que la primera vez que fueron al cine fue al Cine Club… esa es una experiencia de vinculación con el medio total».

El tiempo como herramienta de gestión en VcM

El Cine Club UACh —sostenido por Andrea Osorio y un equipo de once personas— es mucho más que una sala de exhibición. Es un espacio de encuentro, de formación y de vinculación entre la universidad y su entorno: una presencia cultural que, en el contexto de escasez de infraestructura que caracteriza al sur de Chile, resulta difícil de reemplazar.

 

¿Qué aprendizaje deja esta experiencia para otras iniciativas de gestión cultural?

«Creo que se necesita bastante motivación para sostener estos espacios porque requieren de mucho trabajo, mucha energía, mucha gestión, mucha dedicación y visión de corto, mediano y largo plazo. Muchas veces tienes toda la energía y el ánimo para continuar, y eso también te lo da el tiempo. Los resultados no se ven de inmediato. En el área cultural se trabaja mucho tiempo probando, porque no hay una receta: se trata de mucho ensayo y error. Pero con la experiencia, las cosas van tomando forma. Te puedo decir que hoy día, en 2026, estamos viendo los resultados de la planificación y los objetivos que nos propusimos desde el año 2007. Son casi 20 años».

 

 

Noticias relacionadas

Alumni
22 . 06 . 2026 Región de Los Lagos

Alumni destaca hitos como la Academia, el Programa de Mentores y la Encuesta 2026

Leer más
Boletín VcM
16 . 06 . 2026

Rostros VcM - Andrea Osorio

Leer más
Ingresa tus datos

Error: Formulario de contacto no encontrado.