Cuando se habla de vinculación con el medio, una de las imágenes más inmediatas es la de un puente entre la institución y el territorio. Sin embargo, la VcM no se limita a contribuir al entorno: es —o debiera ser— una dimensión transversal a las funciones universitarias, entre ellas, la docencia.
¿Cómo se materializa en la formación de las y los estudiantes? Esta edición lo aborda a través de Yohana Beltrán, matrona de profesión y magíster en Desarrollo Rural, quien lleva 25 años en la Universidad potenciando el trabajo de vinculación con el medio desde las aulas.
Una trayectoria marcada por el territorio
Yohana Beltrán nació en Temuco. Reconoce que su elección por Obstetricia es difusa: no recuerda con claridad por qué la escogió. Lo que sí sabía era que estudiaría en su ciudad, cerca de su familia y amigos. Sin embargo, los planes cambiaron y, sin conocer Valdivia ni la UACh, comenzó Obstetricia y Puericultura en el entonces Instituto de Enfermería Materna de la Universidad Austral de Chile.
El enfoque de la carrera era muy distinto al actual: el embarazo, el parto y el cuidado del recién nacido concentraban la formación. El trabajo en comunidad y en terreno ya era imprescindible, pero relacionarse con el medio no implica necesariamente desarrollar docencia con componente VcM: una vinculación que aporte a formar profesionales íntegros, capaces de responder de manera crítica, creativa y efectiva a los desafíos y necesidades del entorno (Política VcM, 2025).
Yohana pudo experimentar tempranamente cómo el territorio también enseña. En el noveno semestre realizó su internado rural en el Hospital de Los Lagos y Departamento de Salud municipal de la comuna. La experiencia significó una inmersión completa: “vivíamos en el hospital 24/7, lo que nos permitía estar muy presentes en la comunidad”. Allí se articulaban atención primaria y trabajo comunitario: “el internado no solo se enfocaba en lo intrahospitalario, también nos involucrábamos en actividades multidisciplinarias como deporte, vacunación de mascotas; los fines de semana hacíamos aeróbica en la posta rural, etc”.
En ese periodo conoció a Tomas Rojas Vergara, matrón y jefe del departamento de salud —CESFAM que actualmente lleva su nombre—, quien se convirtió en una referencia para pensar el trabajo comunitario como metodología docente. Yohana destaca especialmente su incentivo a la creatividad para resolver problemas, buscar alternativas y mirar las situaciones desde otras perspectivas.
Tras egresar, fue contratada por el mismo departamento y profundizó el enfoque comunitario de su profesión. Luego cursó un magíster en Desarrollo Rural y realizó su tesis sobre el liderazgo de los técnicos paramédicos y su influencia en la participación comunitaria. Más tarde fue convocada para una laborancia por la Escuela de Obstetricia y Puericultura de la UACh para realizar visitas en Internados rurales y posteriormente en el Instituto de Salud Sexual y Reproductiva para acompañar las visitas domiciliarias a estudiantes, experiencia que culminó en su contratación como docente de la UACh. Para entonces, la VcM ya era parte intrínseca de su desarrollo profesional.
El territorio también enseña
En las carreras de la salud, el conocimiento disciplinar suele ocupar el centro, pero resulta insuficiente cuando se abstrae de la realidad de las personas. La salud está atravesada por múltiples variables que modifican prioridades, enfoques y problemáticas. Obstetricia no es la excepción ya que, al abordar la salud sexual y reproductiva, debe actualizarse para responder a las necesidades del entorno.
Yohana recuerda que, cuando ya era docente, la malla curricular comenzó a incorporar asignaturas vinculadas al trabajo comunitario. El perfil profesional estaba cambiando y ella asumió nuevas oportunidades de enseñanza asociadas a ese proceso.
¿Qué le brinda el terreno a un estudiante que el aula no? Allí, el conocimiento deja de presentarse de manera aislada: la salud sexual y reproductiva se cruza con las condiciones materiales de vida, las relaciones familiares, las creencias, la legislación, el acceso a servicios y las características del territorio.
Yohana describe ese contraste: “cuando hacemos visitas domiciliarias, planificamos toda la visita, todos los aspectos a considerar y los chicos, así como sí, sí, ¿entendido? Sí. Pero vamos a terreno, hacemos la actividad y es como oh, profe, yo no pensé que era así”.
En el aula es posible enseñar qué observar, cómo aproximarse a una familia o qué precauciones tomar. Pero una vivienda concreta incorpora dimensiones que una diapositiva difícilmente transmite: precariedad material, olores, servicios básicos, calles, microbasurales, dinámicas familiares y simbolismos propios de cada hogar.
En esas visitas, el paciente deja de observarse de manera aislada. La salud es más que síntomas y remedios: “Tiene que conocer el territorio. Tiene que saber dónde vive la gente (…) Entonces, eso, yo por más que se lo transmita en las clases, si no lo ven y si no están ahí, no es la misma experiencia. Lo comprenden de una forma que les queda para siempre, con esto no se me va a olvidar nunca más, y te creen que al final lo que tú le estás diciendo en la teoría es verdad”
Allí también se evidencia la bidireccionalidad: las y los estudiantes conocen las necesidades de sus pacientes y el territorio les entrega una imagen más completa, imprescindible para su formación. Como explica Yohana: “Esta es la realidad que yo no conozco y que tengo que conocer, porque es la población con la que voy a trabajar. Nosotros brindamos una formación biopsico-social”.
Del aula al terreno: una integración planificada
La experiencia en terreno puede ser reveladora, pero por sí sola no garantiza aprendizaje. Para convertir ese encuentro con la realidad en parte del proceso formativo debe existir planificación. En el caso de Yohana, la VcM se incorpora al diseño de las asignaturas mediante actividades que preparan progresivamente a las y los estudiantes para observar, intervenir y desenvolverse en contextos reales.
Antes de salir, aprenden a diseñar talleres y proyectos, establecer objetivos e indicadores, planificar y programar actividades. Luego viene la implementación. Yohana explica que estas experiencias están incorporadas en las asignaturas, por lo que no compiten con la docencia: forman parte de ella.
Además, existe una progresión. En tercero realizan actividades, en cuarto desarrollan un proyecto y, durante el internado, deben hacerlo con mayor autonomía. Esta estrategia permite observar la integralidad de la VcM: su incorporación al proceso formativo desde el diseño y la planificación curricular.
Cuando las preguntas vienen del territorio
Pero planificar es solo una parte. La otra comienza cuando las preguntas ya no las formula la Universidad: ¿quién define los problemas y necesidades que se abordan? Con el tiempo, colegios y equipos de salud comenzaron a recurrir al Instituto en busca de apoyo frente a problemáticas de salud sexual y reproductiva que encontraban difíciles de abordar por sí solos.
El Ministerio de Salud exige a los establecimientos contar con programas de educación sexual, pero las y los profesores no siempre se encuentran preparados para abordarlos. Yohana afirma que “Instituto de Salud Sexual y Reproductiva se ha posicionado como líder en esta materia. Nos reconocen desde las instituciones educativas y desde la comunidad como un instituto que sabe y maneja muy bien el tema”.
Es entonces cuando el territorio también se comunica y deja de ser solamente el escenario de una actividad docente y comienza a orientar la relación: plantea necesidades, tensiona conocimientos y obliga a la Universidad a adaptar sus respuestas.
Ese aumento de las demandas también amplía las redes. Yohana cuenta que, cuando un colegio sabía que la UACh había trabajado con otro establecimiento, comenzaba a contactarla directamente. Antes, las solicitudes eran gestionadas por los centros de salud donde se realizaban las prácticas; hoy, el vínculo es directo. En esa relación se materializa de manera concreta la bidireccionalidad con el entorno.
Sostener el vínculo: el desafío de la gestión
Cuando las solicitudes aumentan y los vínculos se consolidan, aparece otro desafío: sostener ese trabajo en el tiempo. Detrás de cada taller, salida a terreno o actividad con una comunidad hay coordinación, redes, recursos y respaldo institucional, además de una docente y un grupo de estudiantes.
Yohana identifica a la dirección de su instituto y a sus colegas como actores clave. La VcM no depende exclusivamente de la relación con actores externos, sino que también necesita una red interna que la sostenga. Sin embargo, esa continuidad no siempre está garantizada. Parte importante del trabajo se ha mantenido gracias a redes construidas durante años, a la búsqueda constante de financiamiento y, muchas veces, a la voluntad personal de quienes impulsan estas iniciativas.
Su experiencia muestra que integrar la vinculación con el medio en la docencia es posible cuando forma parte del diseño de las asignaturas y de la trayectoria formativa de las y los estudiantes. Al mismo tiempo, plantea un desafío mayor: transformar experiencias consolidadas gracias al compromiso de determinadas personas en procesos institucionales capaces de reconocerlas, coordinarlas y sostenerlas.
Después de 25 años en la UACh, su trayectoria reúne ambas dimensiones: el valor pedagógico de enfrentar a las y los estudiantes a realidades que complejizan lo aprendido y la gestión necesaria para que ese encuentro con el territorio ocurra y se mantenga. Una gestión que debe ser reconocida y valorada dentro y fuera de la institución para que la VcM sea sostenible en el tiempo y consolide una relación en la que tanto la Universidad como el entorno puedan beneficiarse.